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miércoles, 4 de diciembre de 2013
EL FUEGO
A nosotros nos gustaba comer cerca del fuego, dentro de la cocinita vieja que papa había construido al lado del único cuarto familiar. Cuatro dormíamos allí, yo que era el más pequeño al lado todavía de mama en la cama mas buena, y mi hermano grande al otro lado, sobre una tabla, cerca de papa y su cama vieja. Contaba papa como había hecho la casa, cuando se casaron, la abuela Juana le dio un pedazo de terreno para construir, en la parte baja del terreno que terminaba casi en barranco.
A nosotros nos gustaba comer cerca del fuego, nos calentaba, nos reunía. Dentro de la cocinita vieja, papa construyo un “pollo”, adobe, leña, trastos, ollas y comales ahumados. Cuando llegaba la hora de comer, nos juntábamos en un lugar llamado “el molendero”, donde mama hacia unos minutos terminaba de moler el maíz para hacer maza, el brazo y la piedra de moler todavía están sucios… pero las tortillas están saliendo del comal. La estufita amarilla de tres hornillas, ya tiene saltando la jarrilla de café.
Cerca del fuego, Comíamos en el pequeño molendero, rodeados de la piedra, la leña y el comal. Los 4 papa, mama y los hijos. Cerca del fuego rezamos, reímos, lloramos. Comíamos cerca del fuego, y contaba mama que los abuelos y abuelas eso hacían desde siempre. Que cuando caía la noche, se juntaban a comer, tacuazín en chirmol, café de tortilla, frijoles. Y cuando tocaba ir a dormir, todos ponían sus petates alrededor del fuego, y descansaban.
Los cortes, los wipiles, los sombreros, las chamarras, los pedazos de pantalón ahumados.
A nosotros nos gustaba comer cerca del fuego, en la cocinita vieja porque nos reunía y porque los abuelos eso hacían desde siempre.
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