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miércoles, 25 de junio de 2014

LA MAGIA DEL PELO SIEMPRE NEGRO

Cruces de ocote rojo en las cuatro esquinas de la cocina. Viejas laminas, paredes de adobe, montones de leña jateada; todo ahumado. Sobre el fuego, el comal quebrado y una jarilla de peltre azulado con puntos blancos, con café de tortilla. Amarillo, Pinto y Mish; desgraciados gatos mantenidos ladrones… rondando por el suelo de tierra, como hijos alquilados. A la orilla del fuego, sobre el pollo, MamaGolla contaba sus pocos centavos, de adelante para atrás y de atrás para adelante, las cuentas seguían saliendo igual: pobre. Hoy alcanzo para comprar miltomate y tomate rojo. Casi está listo el rico chirmol para el tacuazín despellejado y sin tripas que atravesado de un hierro metido por el culo, cuelga de una vieja viga del centro de la cocinota vieja. Junta a sus hijos, junta a sus gatos, junta sus pollos, sus patos, sus chompipes, sus palomas silvestres, sus chuchos. Hora de cenar para un tacuacín con chirmol y sal… otros, solo la sal. Todos juntos comen, todos juntos hacen el fuego. Se acabo, hora de las magias en la oscuridad. Cuando los patojos duermen aperchados sobre el único petate bueno. Tapados con sus propios brazos entre todos. Los pies más cerca de las cenizas calientes de pino y encino. MamaGolla se levanta, mirada dura tienen sus ojos, el arranque y siembre de la hierba, le torcieron las manos, dicen que no tiene vuelta atrás esa enfermedad. Apenas se levanta sin hacer bulla, la cintura truena, el wipil se queda trabado en el pie del muchachito que todavía mama… no pasa nada… Lentamente, en luz de veladora, el humo se mescla con el perraje y su pelo desteñido, La magia escondida de los cabellos de las viejas brujas. Acurrucada sobre un wacal; cenizas de chiriviscos de ciprés, cascarones de codorniz, tizón de árbol viejo… para que lo negro entre hasta la raíz de lo blanco. Lloran las lechuzas en los arboles, se arrastra el Amarillo, el Pinto y el Mish… los patojos tosen sin despertar… El nuevo día trae nuevas trenzas enrolladas en tocoyales vivos. Los gatos lo saben, la lechuza también. La magia del pelo siempre negro de la abuela: La NayGolla.

1 comentario:

  1. MamaGolla, la del Güipil grande, grueso, desteñido. La del Corte negro y líneas blancas, los años invirtieron los colores; con el ruedo sin ruedo, desgastado en el mercado y el rio.
    ¿Qué suéter va a usar hoy?... ¿el corinto?... ¿el azul?... igual, los dos están viejos y agujerados, pero abrigan lo suficiente, lo necesario.
    - Gracias Vos!

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